Para empezar a explicar esto, y para poder
hacerme entender mejor, es importante rescatar lo que yo considero es "despertar
de la conciencia"
El despertar de la consciencia se refiere a ser consciente de uno mismo, de
lo que soy, de cuáles son nuestros logros y nuestras zonas oscuras. ¿Qué tanto me conozco? Tiene que ver con tener claro de lo que vengo a
hacer este mundo y cómo puedo aportar a él. Posteriormente explicaré esto.
Más allá de que esté o no alineada con este concepto en
general, para mí el despertar de la conciencia está relacionado con dos
aspectos: a nivel interno y a nivel externo.
A nivel interno.
Tiene que ver con darme cuenta de que vivo en
un ámbito creado por mí. Estoy influenciada por mis creencias, mis prejuicios,
mi personalidad, cultura, mis aprendizajes y lo que considero que está bien y
mal en la vida. Mis creencias, mi mundo, mi zona de confort.
Pero, ¿de dónde sale esto? comenzamos con lo que
aprendemos, con lo que nos enseñaron nuestros padres, con lo que nos enseña la
sociedad, con lo que nos rodea. A su vez, nuestros padres nos educaron con los
valores que traían de sus padres y así, sucesivamente. ¿Que aprendimos en casa?
¿Que vimos en nuestras familias? ¿Qué nos rodeó cuando éramos niños? Si
crecimos en un espacio donde eran normales los golpes, haremos lo mismo con lo
que nos rodean. Si crecimos viendo a otros usar armas, veremos este acto cómo
normal. En cada generación se van modificando las creencias, bien sea para
mejor o para peor; pero lo principal va pasando de generación en generación.
Las escuelas enseñan a cómo vivir en la sociedad, pero no enseñan cómo vivir
con uno mismo.
Mi experiencia
En mi caso, desde niña me enseñaron que hay que servir al
hombre y a tener mi casa cuidada, atender a mis hijos, trabajar, estar
pendiente de que todo esté pago. El trabajar no era una excusa para no atender
a mi familia, mi casa y vivía constantemente atendiendo mil cosas primero que a
mí. Entonces ¿dónde quedé yo? Si cumplo estos roles, donde queda tiempo para
arreglar mis problemas internos, mis miedos, mis inseguridades, mis juicios. ¿Cómo
haría para sentirme bien? Entonces siempre atraje a hombres egoístas que
exigían ser atendidos y yo lo hacía sin pensar en lo que me beneficiaba a mí.
Sufría mucho pero no lo veía mal; total, fue lo que aprendí ¿no? Es lo que
había escogido. ¿Quién me manda? Era mi lema habitual y lo que me decía mi
familia y mis conocidos.
Siempre escuché que el hombre es social, es un animal de
costumbres y no sabemos vivir solos. Sin ánimos de generalizar, hoy en día
muchos de los que viven solos, prenden la televisión para sentirse acompañados.
¿Pero, por qué pasa esto? Porque no sabemos vivir con nosotros mismos.
Preferimos escuchar la televisión o la radio antes de saber escucharnos,
escuchar a nuestro cuerpo y a nuestro ser. Nos acostumbramos a algo o nos
aferramos a algo y no nos queremos despegar de ello.
Si te sientes identificado con lo anterior, no te extrañe
pensar que cambiar se haga tan difícil. Adaptarse a situaciones externas puede
ser complicado. Pero entenderse a uno mismo, es lo más complejo que podemos
conseguir. No queremos ver nuestros errores, pues es más fácil apuntar a otros
por nuestros problemas.
Desestructurarse es doloroso.
Cuando me mudé a Argentina, venía con muchos prejuicios.
Imagínate venir de Venezuela, el país de las misses, con sobrepeso. Era
enjuiciada en silencio por no ser flaca. Tan fácil como que los hombres no
querían salir conmigo por eso. Mi madre se la pasaba diciéndome que nadie me
iba a querer por ser gorda, que no iba a conseguir trabajo, nadie me iba tomar
en cuenta… Y me lo creí. Trataba de que nadie me viera y me sentía invisible
para todos. No sentía que iba a vivir en amor ni conmigo ni con nadie. Me casé
y era invisible hasta para mi esposo. Viví 15 años de matrimonio conyugal, de
los cuales los últimos 8, fueron un atropello. Cuando quise separarme mi hijo
tenía menos de un año, pero mi madre no me aceptaba en su casa porque “yo había
escogido a mi marido”. Mi hermana vivía donde su suegra y mis amigos tenían su
propia vida. En ese momento, pensaba que no tenía donde ir.
Cuando llegué a Argentina, mi esposo no
conseguía trabajo y tampoco lo buscaba. Apenas podía mantener y mi hijo vivo
mientras trabajaba y me di cuenta que otros hombres se volteaban a verme. Ya no
era invisible y no tenía el yugo social venezolano a mi alrededor, ni mi
familia influyendo directamente. Me encontré tomando decisiones por mí misma y
pilar de mi misma. Así que tomé lo que pensé que era la mejor decisión:
separarme. Fue muy duro al principio. Separada me di cuenta que podía hacer lo
que yo quisiera y tomar mis propias decisiones. Lo cual fue buenísimo. Pero
nadie me dijo que ahora iba a ser responsable de todo.
Cambié de cultura, de país, de forma de vida,
con un hijo pequeño, con mayor libertad… el mejor coctel para estar libre.
Empecé a salir, a disfrutar y luego de un año de separada, empecé a salir con
otros hombres. Pero no contaba con que la cultura en el amor también iba a ser
diferente. Todas mis creencias empezaron a chocar con la realidad argentina.
Ahí comencé a ver que lo que yo quería era un amor nuevo, con mis creencias
viejas y eso no era posible.
Esto generó en mí, ciertas preguntas: ¿qué me
pasa? ¿Por qué no me funcionan las cosas como yo las pienso? ¿Dónde estoy? ¿Qué
decisiones estoy tomando? ¿Por qué no me siento bien como soy (o lo que pensaba
que era yo)? Allí comenzó mi batalla conmigo misma y fue el inicio para
comenzar a evaluar lo más importante: ¿Quién
soy? Ahí fue donde me hice la siguiente pregunta ¿Qué tanto me conozco? Ya no tengo a nadie conocido que me
influya, entonces, ¿cómo soy yo?
Este es el primer paso hacia la toma de
consciencia; si estás pasando por este punto, mi mayor recomendación es
calmarse un poco y comenzar a investigar, a hablar con otras personas que estén
pasando por lo mismo como punto de referencia. Te puede ayudar a entender que
no eres la única persona en el mundo con problemas. Escuchar a los demás no
significa que vayas a hacer lo que ellos hacen, es simplemente para entender que
hay personas tan perdidas como tú en este mundo.
La mejor fórmula que puedo recomendarte es
que entiendas que en este momento de confusión, debes tomar las cosas con ritmo
pausado; que es momento de entender que eres lo que eres hoy, gracias a lo que
has pasado antes e iniciar el camino del perdón propio (eso fue lo que me
funcionó). Sal con amigos a hacer actividades sanas, ve al parque, rodéate de
gente positiva y comienza a vislumbrar que hay un futuro positivo para ti.
En la próxima parte hablaré de los aspectos
externos, nuestra interacción con la humanidad y que puntos podrían tomarse en
cuenta.
No olvides seguir adelante. Este camino es fuerte pero más interesante de
lo que te imaginas.
Gracias por tu blog. está buenísimo, me lleva a reflexionar mucho sobre tantas cosas en mi vida, cuantos cambios y que significan.
ResponderBorrarespero que continúes publicando más al respecto es bastante enriquecedor..Gracias